miércoles, 6 de agosto de 2014

LA GARGANTA VERDE: ver para creer.

   La entrada se encuentra a unos 5 km. de Sahara de la Sierra, en la carretera que une Zahara con Grazalema, por el Puerto de Las Palomas (CA-9104). ¿Habré pasado veces por este sitio?, quizás más de cuarenta veces, y ni por asomo, podía imaginar lo que esta estrechura esconde.
   La interminable paleta de colores que se abre ante nosotros, van desde el blanco inmaculado de las pulidas rocas del lecho del río, hasta el rosa inverosimil de sus paredes, pasando por el verde de su tupida vegetación, haciendo del lugar uno de los barrancos más bellos y alucinantes de Andalucía.
   Me lo contaron muchas veces pero no les creí.
 
Desde el minuto uno, cada rincón nos sorprende y su visión nos deja pasmados.
   Dejamos un coche en Sahara, donde terminará nuestra caminata, y conduciremos con los demás, por la mencionada CA-9104 hasta llegar al comienzo de nuestra ruta.  Un cartel a la derecha de la carretera, nos indica que hemos llegado al sitio acertado.   
   Por encontrarse en la Zona de Reserva del P. Natural Sierra de Grazalema, para caminar por este paraje, es necesario obtener autorización (tlfns. 956709703 / 600161916 o Correo elc. pn.grazalema.capma@juntadeandalucia.es) 
   Todo comenzó un mes antes, en nuestra querida Sierra de Esparteros. Juanlu, se emperro (como veis, rodeado de perros), en enseñarnos algunas nociones básicas de escalada, antes de empezar la temporada de barranquismo. Lo hizo gratis, haciendo honor a nuestro eslogan: "un club sin animo de lucro". Este "presi" no tiene precio. Ver para creer.

Todos atentos a las explicaciones.
Un personal de categoría
Al fondo, al fondo; Morón.

   El descenso integral de la Garganta Verde, es todo un clásico. Está indicado para principiantes con poca o ninguna experiencia.
   Tras pasar una valla, comenzamos un sendero muy marcado que sube hasta el Puerto de los Portillos. Seguidamente, nos espera una pronunciada bajada, que ayudados en algunos sitios por barandillas metálicas y escalones tallados en la roca, nos conduce al cauce del río.

El grupo al completo. Somos pocos pero valientes. Jajaja.

   Excepto en épocas de lluvias, el Río Bocaleones no lleva agua. Mejor dicho, no se ve, posiblemente debido a la ingente cantidad de piedras que lo sepultan. Lo cierto es que el agua aparece  más abajo, en la zona de surgencia de los Bramaderos. 
   De forma espontánea, y casi sin darnos cuentas, el río crece, crece y crece..... Si no lo creéis ya lo veréis.

Las parejitas del grupo.
   
   Recorridos pocos metros, ya en el río, una zona a la izquierda nos deja con la boca abierta. Se trata de un cuarto de esfera de dimensiones fastuosas, con un vistoso colorido que ni el más imaginativo y soñador lo espera. Es la llamada "Ermita de la Garganta Verde".

Las fotos no reflejan ni la mitad, de lo que se ve en vivo y en directo.
La vegetación busca el sol con ansiedad.
Los preparativos llevaron su tiempo.
De izq. a dcha.: Conchi, José L., Maribel, Juanlu, Paquito, F. Javier, un servidor, Juan C. y Ana

   Es a partir de este lugar, donde utilizando cuerdas, arnés, casco y material de escalada, podremos llegar hasta la "campanilla" de la garganta. De otra forma seria imposible.

En algunos puntos las paredes alcanzan los 400 m. de altura.

   Una de las teorías que explica la formación de esta garganta, nos dice, que se formó por el hundimiento de un río subterráneo de origen cárstico. De ese modo, quedaría razonada la existencia de la descomunal "ermita".

Preparación del primer rápel.
Estilazo de Conchi.
Uno a uno, todos "pasamos por la piedra".
Segundo rápel. ¡¡Cuidadín con los dedos!!

   El momento divertido llego en la poza que nosotros bautizamos como "Poza de los Higos". Llegamos a ella tras rapelar unos 9 m. y el agua ocupa casi toda la superficie.  Ninguno de nosotros queríamos mojarnos en el agua estancada y sucia  que esta alberga, de modo, que desplegamos un amplio abanico de técnicas para salvarla.

Poza de los Higos.
Estilo "profesional" de Ana.
Estilo "Maestro" del Juanlu.
Estilo "Cuqui" de José L. El más usado. Jajjaja.

   Superados los desniveles más importantes y llegados a un espacio abierto, tomamos un tentempié contemplando a los buitres volando sobre nuestras cabezas. Ellos también nos observaron desde el cielo, a nosotros y a nuestros bocatas.
   De aquí en adelante, comienza la zona más acuática.
  A medida que avanzamos, las pozas tienen más agua y mojarnos será inevitable.

Primer remojón en condiciones.

   Las paredes rezuman agua por doquier y las formaciones se suceden con sus formas caprichosas. En algunos puntos, la distancia entre las paredes del cañón, no superan los diez metros de separación. 

El agua se filtra por los poros de las rocas.

Sencillamente fascinante.
   Paso a paso llegamos a la zona de surgencia. El Río Bocaleones comienza a hacer acto de presencia. Fría, cristalina y pura, el agua sale a borbotones por las piedras del río y por sus paredes.Casi sin esperarlo el cauce aumenta, llegando a tener una corriente considerable.

Comienza la zona de baño.
Las niñas, no quieren mojar el bolsito de las pinturas.
La diversión esta asegurada.

   Nos cruzamos con personas que vienen en sentido contrario, disfrutando de un sensacional día de baño.
   Pasamos por un bonito puente (por debajo claro) y a renglón seguido, llegamos a un carril que cruza el río. En este punto salimos del Bocaleones (que pena). Lo dejamos sabiendo que aguas abajo, dará vida a múltiples huertos antes de llegar al Río Guadalete. Nosotros, tomaremos a la derecha una pendiente que no acabará hasta llegar a Sahara de la Sierra. 

¿Tiene nombre este coqueto puente?

   El remate, tuvo lugar en un bar en Sahara, tomando un refrigerio con unas tapitas de diseño y vistas increíbles al pantano  (ir para creer).

Un brindis por vosotros. Se me ve cansado, pero es del ordenador, Jajajaj.

   Un sorprendente día que nos supuso un chute de vida
 (un río es lo que da).
 Vida,
 que nos permite ver rincones deslumbrantes muy cerca de nosotros,
y
VER,
PARA CREER.

Fin.

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