sábado, 4 de marzo de 2017

PICO LOBATEJO (1.379 m.); al loro que el dueño no anda lejos.

   El tercer pico más elevado de la provincia de Córdoba, el Lobatejo, se encuentra en la zona norte del Parque Natural de las Sierras Subbéticas. Está aislado y equidistante entre los bonitos pueblos de Carcabuey, Cabra y Zuheros. Desde cualquiera de estos tres pueblos podemos llegar a su vértice geodésico, siempre y cuando, conozcamos los caminos (que no los hay), o nos orientemos con un mapa, o sigamos el track de alguien que ya lo hizo. Nosotros hicimos la ruta con la alternativa del track, bajándola del socorrido Wikiloc. Una vez hecha, sabemos que se necesita algo mas, pero eso mejor....... lo cuento más tarde.

Sujayrat (peñasco), es la denominación de Zuheros en época almohade. 
 
   Comenzamos a caminar a las 9:00 de la mañana desde Zuheros. Previamente, habíamos dejado los coches en un amplio aparcamiento pasado el puente del río Bailón a la entrada del pueblo por la carretera de Doña Mencía. Al bajar del coche, lo primero que nos asombra y nos seduce son los tajos por los cuales corre el torrente del río (sin agua en esta ocasión). Una garganta llamada Cañón del Charco Hondo que convenimos en penetrar si terminamos temprano.
  Una vez preparados y dispuestos, cruzamos el puente en dirección al zigzagueante camino empedrado conocido como de la Alquería, o Alcaría, o Alcairía (de las tres formas lo he visto escrito en la red. Esto de los nombres es increíble). El caso es, que el cuestarrón nos hace entrar en calor en cero coma dos segundos. Y mientras tanto, vamos teniendo unas vistas de Zuheros maravillosas, dignas de ser inmortalizadas, con nosotros por delante, faltaría mas. 
    
De izq. a dech., en segundo plano; Baldo, Susana, Yoli, Paco, Juan, un servidor y Pedro.
En primer plano, de izq. a dech.: Farú y la carita de Toñi, la autora de la foto. Jejej. 
      


   Salvado el escalón que supone la altura del cañón, nos situamos en el sendero llamado "Camino de los Ríos"; un sendero con encanto que va por la antigua Colada de las Pilas al Vadillo, un sendero pintado de olivos, encinas,  almendros en flor (corre mediados de febrero), y el cauce saltarín del Bailón a nuestra izquierda. Un cuadro hermoso, de los que la mente retiene para siempre.    
   
Almendros en flor.
La mañana estaba perfecta.

   Al llegar a la altura del río, el camino pasa de una orilla a otra en varias ocasiones, y nosotros con él pasmos sin dificultad alguna, pues el río, lleva muy poca agua. También pasamos junto a varios huecos  y cuevas perforadas en la roca, entre ellas la "del Fraile", que llama la atención por el montículo que hay en su entrada (el supuesto fraile). Nosotros, al no saber que era una cueva afamada, la observamos en la parte derecha sobre nuestras cabezas, como el que ve llover y no se moja.

¡Vaya tres patas para un banco!
Fuente de la Mora.

   Cuando llevábamos algo mas de dos kilómetros, dos coma tres para ser exactos, dejamos el taconeo del Bailón y tomamos un senderito, a la izquierda, que pasa casi inadvertido (hay que estar atentos). Este, sube junto al arroyo del Moreno y nos deja cerca de la casa en ruinas de Zarzadilla. Seguimos arroyo arriba hasta enlazar con el camino que sube hasta Cortijo Moreno, pero no lo seguimos. Nos desviamos para subir y atrochar por un bosque de pequeñas encinas junto al arroyo del Barranquillo. Un lugar muy sombrío y tapizado de musgo que parece embrujado, donde el murmullo del agua cayendo por pequeñas saltos, es un placer para los sentidos.  

Llegando a la explanada de la Casa de Zarzadilla.
La umbría es tal, que el musgo tapiza los troncos por todas sus caras.

   Cuando salimos del pequeño bosque, abrimos los ojos a una gran planicie entre montañas. Frente a nosotros nos observan los Tajos del Peral. Nos encontramos en la desdibujada vía pecuaria de Marchaniega, la cual abandonamos pronto para orientarnos al sur, subiendo sin seguir camino alguno hasta encontrar una ancha y desvanecida pista que nos llevó al paso natural de la Loma de los Pozuelos. Desde allí vimos por primera vez, desde que partimos, el cono del Lobatejo. 

Salimos desorientados, hechizados y encantados del sombrío cauce del arroyo del Barranquillo.     
Nuestro objetivo a la vista.
 
   Al llegar a la Loma de los Pozuelos, nos encontramos un cercado con su correspondiente cancela. No vimos (porque no existe) letrero alguno que nos prohibiera el paso. La abrimos soltando el alambre que la mantiene cerrada y pasamos al otro lado dejándola tal y como nos la encontramos: cerrada con el alambre. Y nos fuimos más feliz que una perdiz. Nos fuimos en dirección oeste por la ladera de la Peña de Miguel Pérez. Por esta zona no vimos ni un solo hito, tan solo, la arcilla roja que colorea la roca cuando se pasa muchas veces por el mismo sitio. Pasamos otro cercado tirado en el suelo (lleva asi más de tres años) y comenzamos a bajar suavemente por un rastro de sendero hasta la cañada de Navahermosa, también llamada "Frondosa".  

Bajada por la ladera sur de la Peña de Miguel Pérez.
Nacimiento del arroyo de Navahermosa (1.150 m.)

   Desde el cauce del arroyo de Navahermosa nuestro objetivo no se ve, pero podemos intuir que subiendo, subiendo y subiendo..... en algún momento tropezaríamos con él.
   Subimos sin descanso, con Juan y Paco tirando del carro y cada uno a su ritmo en función de su forma física, ¿verdad Toñi? ¡Tener "amigas" pa' esto!
    El vértice no lo vemos hasta que no estamos a escasos cincuenta metros de él, está en un enorme lapiar que los lugareños llaman "Allanadas", por lo que es fácil desviarse ligeramente a derecha o izquierda.

Allanadas del Lobatejo con El Picacho al fondo, donde se encuentra la Ermita de la Virgen de la Sierra.
 
   En la cumbre la actividad fue frenética; primero las felicitaciones, a continuación las fotos, más tarde la anotación en el libro de firmas que "Los del Califato" dejaron en febrero de 2.016, y por último, la obligada identificación a 360º de los lugares que nos rodeaban, también las chicas saciaron otra de sus aficiones preferidas: conversar. Y lo hicieron sentaditas en un lado del pedestal del vértice, resguardadas de los vientos.

¡Qué bien hemos salido todos! ¡Qué buena retratista es Toñi!
Firma en el libro de visitas.
Las chicas, a vista del pájaro.

 Saciadas nuestras inquietudes, nos decidimos a bajar en la misma dirección por donde habíamos subido, bordeando un farallón cercano a la cumbre.
   Muy cerca del vértice, encontramos una excavación en la piedra, que según dice la leyenda, perteneció a una atalaya conocida con el nombre de Casa de Muza, en deferencia al fundador de Zuheros: Musa ben Yazid. También dicen que fue destruida por unos alemanes para utilizar sus elementos en la construcción  del vértice ¿? (piedras tiene más de lo normal, eso es verdad).

Esta profunda excavación pudo ser el aljibe de la Casa de Muza.
 
   Y bajando, bajando.....pudimos ver unos corrales de forma circular, que en ocasiones eran dobles (una formación pequeña y otra más grande), que según he podido averiguar, pudieron pertenecer a ventisqueros protegidos por muros de escasa profundidad sin cubierta. Al parecer, el muro cerraba una pequeña depresión de terreno, y servía para aprovisionarse de nieve sin construir un pozo de nieve propiamente dicho.
   Y bajando, bajando.....pudimos escuchar (unos antes que otros) las voces de alguien que venía requiriendo nuestra atención. Venía por nuestras espaldas con el aire en contra, por lo que se desgañitaba y desesperaba para hacerse oír. Cuando nos percatamos de que nos estaba llamando, paramos y entablamos una charla bastante acalorada, pero eso.... mejor lo cuento más tarde.

Bajando, bajando....

   Volvimos al semicírculo que forma el arroyo de Navahermosa que, como su nombre indica, es un lugar muy hermoso. Adorna y realza, por el norte, el Cerro del Lobatejo, y cae por poniente hacia el Navazuelo y por levante a la vieja aldea de Los Pozuelos. Hasta allí nos dirigimos por pequeños senderos, al principio, y por un camino bien marcado, al final, cayendo rendidos en el comedor del Cortijo de Don Manuel Ruiz...... ¿Y que se hace en un comedor?

Navahermosa.

¡Menudas vistas tiene el cortijo de Don Manuel!
 
   Almorzamos con postre incluido, tertulia en la sobremesa y chistes, pero las "mejores risas" vinieron cuando nos percatamos que el siguiente paso sería subir, con el estómago lleno, por el camino que veíamos al frente. Una subida bastante acentuada que va al Portillo de Moreno. Pusimos nuestra mejor sonrisa y arremetimos con alegría el repecho. Salvamos varias cancelas entre el Cerro del Calvario y el Cerro de las Mentiras sin ningún inconveniente, dificultad o prohibición. Buscamos un paso natural por el Portillo Alto y bajamos a la Fuente de la Zarza, dejando el Cortijo Moreno a nuestra izquierda para tomar la vereda de Marchaniega.

Este quejigo centenario, se salvó de las cortas masivas que se ejercieron en los bosques autóctonos.  
Lo duro había pasado, y entramos en "modo paseo".
Refrigerio en la Fuente de la Zarza.



   Dieciséis kilómetros llevábamos cuando llegamos al Puerto de la Cruz de la Atalaya y cruzamos la carretera que va a la Cueva de los Murcielagos- Entramos en una senda que evita, en gran parte, tener que bajar por la carretera. El camino es una delicia, no porque vaya descendiendo, que también, sino por lo entretenido y vistoso que es. Pasamos por una de las catorce estaciones del Vía Crucis que llega hasta la Cruz de la Atalaya, vimos algunos raros ejemplares de Iris Planifolia hipocromática o albina, también, a la lejos, los tajos por donde pasa el río Bailón y Zuheros a vista de pájaro.

Estación del Vía Crucis con una réplica, en pequeño tamaño, de la Cruz de la Atalya que se ve al fondo.  
Iris Planifolia hipocromática o como se denomina en tierras cordobesas; lirio "morao" de flores blancas. 
Zuheros a vista del mismo pájaro de antes.
 
   Llegamos a Zuheros, cortando todo el terreno que pudimos, y nos colamos en un sendero perimetral, que creo, pertenece a la Vía Verde de la Subbética. Siete horas y media después, la vía nos dejó en el aparcamiento por el lado opuesto al de salida. Habíamos recorrido 19 km. y el Cañón del Charco Hondo nos esperaba pacientemente a que lo tanteáramos. Juan, Pedro y yo, decidimos adentrarnos por su boca y explorar sus recodos más recónditos. Diminutos e insignificantes, ante la grandiosidad de los tajos, fuimos salvando obstáculos hasta donde los pasamanos y las grapas que existen incrustados en la roca nos permitió. La experiencia fue corta, pero intensa. Y volvimos por nuestros pasos.

Increíble, lo que el agua llega a mover y hacer
Algunos pasos son complicados.
 
   El día estaba echado, y bien echado. Sólo nos quedaba poner el broche de oro, en un marco de diamante. Y lo hicimos, ya lo creo que lo hicimos; nos sentamos en circulo a la mesa de un bar en la Plaza de la Paz de Zuheros y, sosegados, alegres y un poco cansados, celebramos el cumpleaños de Juan, brindando a su salud y a la de todos.

Juan, muchas gracias por la invitación.
   
Lo bueno, para el final.

   Para subir al Lobatejo hay que proponerselo, tener claro la ruta.......y algo más: HAY QUE PEDIR PERMISO AL DUEÑO.
   Resulta que el dichoso vértice, se encuentra en terrenos privados con ganadería suelta. En concreto en terrenos de la finca El Navazuelo. Para solicitar el permiso hay que hacerlo através de los agentes de la Delegación de Medio Ambiente del parque. Ellos piden autorización al propietario que amablemente los concede sin problemas. El teléfono para contactar con los agentes de medio ambiente es: 671562045. Si queréís obtener la información oficial, llamar al teléfono 957506985 que pertenece al Centro de Visitante de Santa Rita, situado en la carretera A-339/Km. 11.2 (Cabra-Priego)
   Nosotros no teníamos ni la más remota idea, además, no vimos en todo el recorrido ni un solo cartel de prohibición, ni una puerta candada, nada de nada. También os digo, que en todo el recorrido no vimos ni un solo hito, cartel o señal por el que orientarnos.

De este modo pasamos, y por supuesto; dejamos cerrado el paso.

Al que sí vimos fue al dueño de la finca.

   ¡Exactamente! ¡el mismo! El que vociferaba cuando veníamos bajando, el que nos pidió el permiso para poder estar allí de malas maneras (metidos en sus zapatos podemos entenderlo), el que nos explicó, muy enfadado, que llevaba todo el día intentando reunir el ganado que alguien le había espantado, El que nos indicó salir de su hacienda por un itinerario que no conocíamos, el que entendió nuestra postura al igual que nosotros entendimos la suya, el que nos dejó marchar con viento fresco por nuestro camino. Y es que al final, hablando se se entiende la gente, y si es con respeto y educación; mejor.
   Nosotros nos disculpamos, prometiendo no alborotar ni asustar a las reses, que por cierto, no las vimos ni de lejos. Era lo menos que podíamos hacer. Nos despedimos y seguimos nuestra ruta.

El dueño del cortijo.

   Espero que esta información sea de utilidad.

Fin. 




4 comentarios:

  1. Eres un fenomeno Manuel, gracias por ese pedazo de reportaje.

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  2. Bonita ruta. Buena compañía y extraordinariamente relatada.
    Además haciendo amigos; que no está mal.

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